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Prendas especiales

¿Alguna vez has heredado una prenda de esas especiales ?¿ De tu madre, abuela o incluso quizás tu bisabuela? Puede que sea un abrigo, una blusa, un vestido… Es posible que te hayan dicho que se la hicieron a medida o incluso que se la hizo ella misma. ¿Te has fijado en el tejido del que está hecha? ¿Se parece la tela de ese vestido a la del que te compraste en  las últimas rebajas? Seguramente no, y no porque uno tenga mas años que otro, sino porque al igual que en todo lo demás, el sector textil  ha evolucionado y cambiado a lo largo de los años.

Pero… ¿ha evolucionado a mejor?  Te voy a dejar unas pinceladas sobre la historia de este sector para contestarte:

Tradicionalmente la profesión textil era muy artesanal y se realizaba en los hogares de quienes trabajaban en ella. Con la llegada de la Revolución Industrial empezaron a aparecer talleres en los que la producción era más grande y continuada. Y entre los siglos XVIII y XIX con la llegada de la tecnología a la Industria textil las condiciones tanto de trabajo como de producción cambiaron radicalmente: se necesitaban menos trabajadores, se producía más en menos tiempo y toda la producción se podía rentabilizar mejor. No te voy a decir que este fuera el gran error de la moda, es evidente que la llegada de la tecnología a todos los sectores fue clave, y facilitó el trabajo y la vida de todos en algún aspecto. El mayor problema llegó con la sociedad de consumo y la apertura de los Mercados Asiáticos a principios del siglo XXI. Ahí fue cuando, según mi punto de vista, se perdió en cierto modo el respeto por la ropa y se la convirtió en un objeto casi de usar y tirar. Las grandes cadenas empezaron a producir a una gran escala con costes  ridículos y nosotros empezamos a comprar casi (y para algunos sin el “casi”)como si necesitáramos estrenar algo nuevo cada semana, ¿Y por qué no hacerlo si a esos precios nos lo podíamos permitir? Empezaron a aparecer cadenas con ropa cada vez más barata, pero siempre en tendencia y con diseños bonitos. Además empezaron a sacar a la venta nuevas colecciones cada vez con mas frecuencia. Y así hemos llegado hasta hoy. 

¿Alguna vez te has preguntado que hay detrás de esos vestidos de 10 euros y esas camisetas de 3? Te lo voy a contar: tejidos que en el fondo son puro plástico; algodones cultivados con miles de litros de agua y usando pesticidas y fertilizantes tóxicos, muchas veces modificados genéticamente; mujeres cosiendo 12 horas o más al día y trabajando y viviendo en unas condiciones en las que a nosotros no nos gustaría pasar ni unas horas, tintes que acaban tiñendo los ríos del otro lado del mundo, y un largo etc. 

Por eso, es normal que ese abrigo que conserves de tu abuela no tenga nada que ver con uno que te compres hoy. ¡Cuidado! A  no ser, que se lo compres a una marca que haya optado por hacer del slow fashion, la moda ética y la sostenibilidad sus pilares principales. Una marca que sea consciente de su impacto y que impacte de forma positiva. Una marca que ponga cariño en sus puntadas y trate con respeto a sus trabajadores. Una marca que sepa acercarte al cariño de tu abuela a través del tacto de su ropa.

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